Un domingo de abril, en una calle de Pétion-Ville que suele estar muy transitada, un balón pasa entre los pies de una decena de adolescentes y los autos se desvían: el corazón de Haití late por el fútbol, a pesar del caos político, la pobreza y la delincuencia.
Los adolescentes ocupan la calzada, con piedras que hacen las veces de postes. El balón va de un jugador a otro: los jóvenes parecen despreocupados, pero se mantienen concentrados en cada movimiento.
La clasificación de…
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Fuente: Versus – versus.lanacion.com.py
