Centenares de vecinos de los suburbios en cuestión, opuestos a que se instale un “enorme burdel” junto a sus casas, se unieron a las protestas de las trabajadoras sexuales que desean quedarse tras las vitrinas iluminadas con neón escarlata cerca de los canales del centro histórico.
La protagonista de la polémica es la alcaldesa Femke Halsema, quien defiende con todas sus fuerzas su plan, pero no logra convencer.
“No es posible”, dice llorando una madre tras un encuentro entre la alcaldesa y los residentes de uno de los tres lugares planeados para la creación del centro erótico.
Los residentes temen que el alboroto del Barrio Rojo llegue a sus calles.
Por su lado, las trabajadoras sexuales consideran ser el chivo expiatorio de la alcaldesa en su intento por controlar la criminalidad y el turismo de masas en el centro de…
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Fuente: HOY PY – www.hoy.com.py
